03 abril 2008

Las pintadicas

No los he visto, pero es que me los imagino en su casa o entre colegas haciendo el único esfuerzo de pseudoingenio: con ahínco, probar una y mil veces hasta dar con el trazo o garabato personalísimo, la firma. “¡Ostia, qué guapa! Mola, ¿eh?”, digo yo que dirán cuando la alumbren. Y desde que un amigo mío habló de “descastados culturales que llevan los pantalones por el culo y la boca caída como bobos insolentes”, los veo así. Me refiero a los denominados taggers. Son prójimos que estampan su firma en paredes, bancos, lunas, puertas, persianas... Con rotuladores de punta gorda o esprai. Y a los que habría que estamparles una galleta. Mínimo.
A mí, un grafiti currado me encanta. Hay un tal Isaac Garrido por ahí, que es un artista. Pero esos “tags”, esas firmas, no los soporto. En los últimos dos años, los policías locales han denunciado a menos de 20 chavales. Gran trabajo, sí señor...
Además, a la Concejalía de Limpieza Viaria se le van casi 400.000 € al año borrando las indelebles pintadas en las fachadas de edificios públicos y mobiliario urbano. Gasto inútil, porque al día siguiente reaparecen los pintarrajos. A la brigada especial aún se le puede solicitar que venga a limpiar la pintada que estos memos han dejado en tu casa. En el Ayuntamiento toman el recado (968 358 600). Aunque así, más que borrón y cuenta nueva, al día siguiente hay rayajo nuevo. Marranos, pijo.
Cualquier pared de Murcia, cualquier noche (Foto: Alcázar)

1 comentario:

Juanorzas dijo...

Ahgg, las dichosas pintadicas, como las odio y como me cabreo cuando las veo en un edificio histórico... Eso es lo que mas me fastidia, una pintada que destroze una buena fachada.

Y como me gustan los buenos Graffitis (que ya no son pintadas, ya son arte).