17 abril 2008

Operación 'Taladro'. El regreso

Tres agujeros y una raja en el costado. Marcas cicatrizando de una “Operación Taladro” que ocupó más de cinco horas. Pieloplastia, se llama lo mío. Corregir una malformación genética antes de que ella se rebele contra su amorfismo y yo pague por ello me ha tenido en el Reina Sofía diez días. En mi piso seguirá ahora la convalecencia. Y dentro de un tiempo, con el acueducto liberado de angostura y ahogo, el láser reducirá a polvo las dos piedrecicas.
Aquí sigo. Ya estoy aquí. “Ja sóc aquí”(José Tarradellas).
Le deseo el dolor que he padecido sólo al peor de mis enemigos. Ahora son ramalazos. No fui verdaderamente consciente de que esto podría doler hasta la noche previa a la operación; retrato: estoy siguiendo a mis compañeros en La 7, abre la puerta una señora cincuentona, cabello corto teñido, bata blanca y enema en mano.
-Bájate los pantalones, Luis, y colócate de costado, de culo a mí, que te voy a poner esto.
-¿Perdón? Que me ponga cómo. ¡Que me va a poner qué!...
Cielo santo. Entró, lo vació y lo sacó en menos de dos segundos.
La frase mágica es: “Dónde te gustaría ir?". Y el anestesista añade: “Piensa en algo agradable”. “Vale. Por ejemplo, y a riesgo de caer en el catetismo, quiero ir a una playa paradisíaca con una tía macizorra”. Me cuentan que lo último que dije fue: “Ya empiezo a ver la playa”... Y lo siguiente que escuchas: “¡Despierta, Luis, despierta!; ¿qué tal te ha ido en la playa?”...
Esa noche aún estás atontolinao por gracia de la anestesia. Pero la siguiente creí que venía La de la Guadaña a llevarme. Imposible conciliar el sueño. Miles de imágenes absurdas e inconexas aparecen al mismo tiempo como fogonazos interminables. Pensé que era un episodio de síndrome confusional agudo. “Hasta aquí he llegao...”. Me chutaron opioides –morfina y dolantina-.
No deseaba recibir visitas. Y no las recibí. Seis o siete, vamos. Esto no es un parto. Aunque al menos 150 personas me habrán visto estos días. Las más, familiares de otros ingresados en la misma planta que, por inercia, curiosean desde el pasillo, miran de refilón. Digo yo que se preguntarán: “¿Quién será ése? ¿Por qué estará aquí? ¿Estará peor que mi pariente?...”.Un recién operado sólo necesita a los profesionales sanitarios y a seis o siete allegados. Porque no necesita que lo entretengan. Necesita tranquilidad; quietud; orden; serenidad...
Como Napoleón, creo que hay que tenerse siempre con ánimo sosegado, en los trances duros y lo mismo en la bonanza. Ese ánimo ayuda a asimilar la opinión preocupante de hoy y la optimista de mañana. Y a elevar cualquier ánimo decaído contribuye el personal laboral del Reina Sofía. Al menos conmigo lo ha hecho el de la sexta planta. El trato atento, encantador, afectuoso y risueño es lo que más me ha sorprendido. No porque no lo concibiera, sino porque ha sido desbordante. Habría que crear un premio humanitario sólo para concedérselo al personal de Enfermería. Porque el Nobel de Medicina yo se lo concedería al servicio de Urología que dirige Óscar Fontana. Él y Mariano Tomás cuajaron una obra maestra de precisión e ingenio. Es lo que me han contado dos amigos míos (Piti y Daciano), médicos, a los que les permitieron seguir la manipulación a pie de tablero operatorio.
Y a todos los que habéis preguntado por mí os doy las gracias más sinceras que se pueden dar. Poco a poco deseo volver a veros a todos.
He vuelto.
Adiós, habitación; adiós (Foto: Alcázar)

5 comentarios:

sushi de anguila dijo...

La mejor de las noticias, Luis. Ahora, a recuperarse con tranquilidad y buenos alimentos, y volver a tiempo para contar el fin de liga del equipo grana. Bienvenido de nuevo al universo de los blogs...un abrazo.

Luis Alcázar dijo...

Gracias, Mariano. En un par de semanas o tres creo que puedo reaparecer. Eso, si mi mejoría sigue siendo como la de estos últimos cuatro días, idéntica a la del Coruña en la segunda vuelta...
He añadido tu blog al listado de bitácoras amigas.
Abrazos

Anónimo dijo...

Vuelve pronto, que echamos de menos tu cuerpazo.

achopijo dijo...

Me alegro, Luis. Nos veremos pronto por ahí seguro y lo celebramos.

Un abrazo.

Javier Moñino dijo...

Bienvenido de nuevo don Luis. Genial relato de la 'Operación Taladro' y gran detalle recordando al personal de enfermería, siempre imprescindible pero muchas veces olvidado.

A seguir con la recuperación...