19 mayo 2008

Perros en la playa, no

Porquería superior me parece acudir a la arena de la playa con el perro. Puedo entender que resulte divertido corretear o ver corretear a la mascota. Pero sea a la hora a la que sea, es una acción sucia. Y el no va más de la marranería es el baño del can. Distingo un chucho remojándose en la orilla y me dan arcadas (a veces me cuesta distinguir a estos cuadrúpedos peludos de sus dueños...).
La grandiosa mayoría de las playas prohíbe el zascandileo de los perros. En realidad, de cualquier mascota. Sin embargo, no hay día que yo acuda al litoral sin que aparezca un dueño ‘despistado’. Sucede mucho en verano a primeras horas del día y a últimas de la tarde. Y el resto del año, a cualesquiera.
Yo siempre me pongo en el lugar de un niño porque ayer dejé de serlo, si no me quedan aún escurriduras de niñez. Un niño que en la arena se contenta más que un perro. La agarra, la manipula seca y húmeda, la entierra y desentierra, se entierra y desentierra, la moldea, incluso se la lleva a la boca... Y en ese mortero, el conglomerado lo integran aditivos como el meado, la sudoración y las heces del “mejor amigo del hombre”.
Playa de la Glea, Campoamor (Foto: Alcázar)

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Y de tus meadas en la arena de la playa más ciego que Pedrito durante un botelleo no hablas? No tienes ni puta idea Alcázar.
Alfon Cousteau