01 julio 2008

Deprisa y... ¿corriendo?

Trabajo en lo que me gusta y me gusta trabajar en lo que trabajo. Y me gusta trabajar lo que trabajo. De ahí que me aflija no haber podido o sabido hacer mejor lo que debía, suponiendo que fuera susceptible de mejora, que pocas veces ocurre... Tengo presente también, porque Gregorio Marañón lo escribió, que el trabajo sin prisa es el mayor descanso para el organismo. Se puede, sin embargo, tener prisa en el trabajo y en el tiempo restante. Prisa a todas horas. Y si no se tiene y se te coloca delante un camión de carga lateral de contenedores, la tendrás. Aunque sintieras que tenías todo el tiempo del mundo, con un vehículo de estos obstruyéndote el paso, aparece.
Si a mí me ocurre, me puedo imaginar las escenas en los automóviles con gente propensa al apresuramiento. Desde la cabina de control, el operario maniobra la recogida, sin despeinarse. Y tú ahí, detrás, sin poder pasar, tragándote el paso a paso y oliendo cada vez peor. Y preguntándote: “Joder, ¿por qué me ha tenido que tocar a mí”. O, también: “¿Para qué carajo lleva la pegatina de la flecha de páseme por la izquierda si ocupa toda la calzada?”. Pues eso. Cosas que pasan...
Perpendicular a Jaime I. Una noche de éstas (Foto: Alcázar)

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