30 junio 2008

El recuerdo de ganar, procurando jugar bien

“Sobrecargar la memoria ocasiona los mismos graves daños que no ejercitarla”. La cita es de Johann Sailer (1751-1832), aquel teólogo romántico alemán del catolicismo. Yo no sé si sobrecargo la memoria o no la ejercito. En realidad creo que tengo una memoria de gallo a la que rebajo su discapacidad últimamente con una frase de uso corriente: “La anestesia me ha dejado tonto”...
Recuerdo sólo una imagen estática de la final de la Eurocopa contra Francia de hace 24 años. En Cehegín, con mi padre, en un bar que se llamaba Riscal, o algo así, sentado en un taburete junto a la barra, con una pantalla allá, al fondo. Pero ocurre que en la memoria de títulos futbolísticos patrios aparecía el último europeo hace 44 años. Y ello hacía que, para muchos, el recuerdo del gozo no pudiera ser gozo, porque no lo habíamos vivido.
Me decía de camino a casa Asier, un amigo que trabaja en Londres, que como España no conoce país alguno para celebrar lo que sea. Cualquier excusa es válida para imaginar que uno es feliz. Era Kant quien decía que la felicidad no brota de la razón, sino de la imaginación. Y a imaginación friqui no nos gana nadie en el mundo. No sé si alguien vive contento con su suerte, pero anoche, con la victoria de la selección, nadie nos ganó a imaginación y felicidad colectiva gracias a este cloroformo de masas que es el fútbol.
Los recuerdos ya no serán en blanco y negro. Ahora, cualquiera puede registrar los suyos para que dentro de 24 años no sean sólo una imagen estática. Medio minuto de los míos los incluyo en el vídeo que encabeza este posteo. Recuerdos del narcótico más saludable que ha inventado el hombre: el fútbol.
Pérez Casas, recién cruzada la medianoche (Vídeo: Alcázar)

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