26 junio 2008

¡Esos malditos roedores!

¿Qué demonios son esos cilindros que revisten cada vez más troncos? Ya los hay laminados en plata y marrón. Y, como la duda ha sido lo suficientemente recia hace pocas horas, cuando pasaba por el parque que hay junto a la plaza de Camilo José Cela, aquí la expongo. Si por inducir se entiende "extraer, a partir de determinadas observaciones o experiencias particulares, el principio general que en ellas está implícito", en una exhibición de inducción induciré que el principio general debe de ser (probabilidad o suposición) la protección de algo o alguien. Protección de las copas, de los frutos, de los dátiles. O protección contra el picudo rojo.
A mí, ese anillamiento me recuerda al que mi abuelo paterno manipulaba en las patas de sus jilgueros y verderones. Pero me da que no hablamos aquí de aves, sino de roedores. Puede que con esas planchas metálicas se evite que las ratas y ratones trepen. Puede ser, toda vez que yo me he hartado de observar a especímenes de filosos incisivos escalar maderos en la Redonda, Salitre y La Seda. De hecho, en este último parque, las ratas eran castores. Me extasiaba contemplar esos ejemplares semiacuáticos a la luz diurna, construyéndose sus madrigueras en el estanque...
Conclusión: nada de adorno, nada de marca de identificación, nada de protección frente a los agentes climáticos, malas hierbas o herbicidas. Esos cilindros protegen del escalamiento de los roedores. No sé si entre ellos andarán Pixie y Dixie ¡Esos malditos roedores!
Cuatro en una, cerca de la Federación de Fútbol (Foto: Alcázar)

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