04 junio 2008

Los turnos, las colas...

Quien espera, desespera. Ya se sabe. No apunto al que se pasa toda la vida esperando a que llamen a su puerta. Tampoco al que sabe esperar. Me centro en el que debe esperar, perdiéndosele el tiempo en la espera. Son esas esperas corrientes en una cola aguardando el turno. Las hay voluntariamente aceptadas y obligadamente asumidas. Ansiedad generan más las segundas que las primeras, pues de las potestativas uno puede abdicar en cualquier momento. Yo procuro cada vez esperar menos. No de nadie, sino a nadie. Y por lo prescindible, ya casi nada.
Su turno, en Mercadona (Foto: Alcázar)

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