27 junio 2008

Ni maldición ni superstición

En esta Eurocopa, España ha enterrado la maldición y la superstición. El domingo pasado acabó con la maldición de cuartos de final y el maleficio de Italia. Anoche, con la superstición del color amarillo. Grandes reflexiones las mías, al nivel de las más sesudas de Ortega y Gasset o Richard Rorty. Ocurre que a estas alturas de la jornada no doy más de mí... Lo que ya estoy deseando que sepulte España es ese ¡P-ode-mos! de Cuatro. Cada vez que intuyo que lo voy a oír, yo lo sustituyo por “¡Po-ke-mon!”.
Habida cuenta (construcción muy empleada por abogados ambiciosos) de que el fútbol lo vemos todos y que de fútbol sabemos todos –hasta Luis Aragonés-, aporto a este campeonato anestésico contra la crisis económica cuatro detalles no futbolísticos:
1º. En la avenida de Europa y calles adyacentes, Iberdrola dejó a los vecinos sin partido durante 27 minutos en la primera parte. El recibo, sin embargo, la compañía no lo deja de cobrar nunca.
2º. Hay muchísima gente que no ve el partido. Entré dos minutos al Cortinglés y lo comprobé.
3º. ¿Por qué anoche y el domingo la Policía Local permitió circular en moto sin el casco o en coche sin el cinturón de seguridad abrochado? ¿Por qué los agentes lo permiten todo? Ah, sí, ya caigo: porque son policías locales...
4º. ¡ES-PA-ÑA! ¡ES-PA-ÑA!
Avenida de la Libertad. Ayer, 21.05 horas (Foto: Alcázar)

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