15 julio 2008

De andamiajes y desprendimientos




Cuando se me presenta uno delante, dos sensaciones se me entrecruzan: la de tranquilo, que esto es seguro, y la de aprieta el culo y reza por que no te cague la moscarda. Es como si dentro de mí hubiera un hombre que está contra mí. Y, entre tanto ellos se pelean, ando lo más rápido posible.

Me refiero a esos andamios, esos pasillos que se colocan en las aceras para proteger a los peatones de posibles desprendimientos de la fachada. Algunos son tan estrechos que para que quepan dos caminantes se tienen que poner de canto. Y si lo que los circula es un carrito de bebé, ocurre como en aquellos puentes del franquismo que obligaban a detenerse antes de enfilarlos y esperar a que el que venía de frente hubiera superado el viaducto.

Lo que acojona es oír cómo los cascotes impactan contra la techumbre del pasillo. Siempre se filtra polvo o algún cascajo de cemento, yeso o ladrillo. Y eso me cabrea.

Sé que ha habido viandantes sepultados y que gracias a Dios debo dar cuando dejo atrás el andamiaje, sin haber sido el desgraciado al que le toca la negra. Como gracias a Dios debo dar porque no me cayera encima el domingo pasado el fragmento del que dejo testimonio gráfico aquí, tomado con mi teléfono portátil. En la que se supone avenida moderna de la ciudad. Hasta a viviendas de diez años se les caen los revestimientos. Hay que joderse...



Calle Barerras, perpendicular a Primo de Rivera (Foto: Alcázar)

Avenida Juan Carlos I, a la altura del Príncipe de Asturias (Foto: Alcázar)





1 comentario:

Alboroque dijo...

Pasamos por "cajamadrid" el mismo dia a la misma hora... yo no hice foto pero me quedé pensando que como le hubiera caido eso encima a alguien, le hubiera hecho "mucha pupa".

Me da a mi que ahora somos vecinos de barrio...