14 julio 2008

El único contratiempo de Murcia

Me arrimo antes al calor que al frío. Siempre he tolerado mejor las altas temperaturas que las bajas. Es lo que tiene asemejarse más a un árabe que a un escandinavo... Sin embargo, cada verano me acuerdo más del invierno.

El bochorno es el único contratiempo que le encuentro a Murcia. El fuego veraniego, ahora sí me cabrea. Porque hasta alguien que, como yo, sólo suda por la frente y una pizca por la espalda, sufre. Sufre cuando debe callejear ineludiblemente. Sufre cuando le queda lejos un chorro de aire acondicionado. Y sufre cuando debe transportar algo, aunque pese cien gramos.

Supero en tres grados el registro captado por mi querido Yayo Delgado, otro que sufre. Y hasta los cincuenta han debido de llegar esos termómetros urbanos, seguro. Sufro. Sufro bucho, como decía Millán, el de Martes y Trece. Hasta me he cortado el pelo a lo Risto Mejide para ventilarme la cocorota...

Me jode sudar. Y, sobre todo, me jode saber que en cuanto abandone un habitáculo refrigerado, estoy muerto. "Vulnerant omnes, ultima necat" (todas hieren, la última mata), se recuerda en algunos relojes de época. A mí, cada minuto me hiere. Y no llego ni a seis, y ya estoy muerto. Sólo por la frente y una pizca por la espalda. Pero muerto.

Avenida Juan de Borbón. Principio. Principio... de golpe de calor (Foto: Alcázar)

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