17 julio 2008

El puchero del Yayo

No he encontrado otro igual. Cuando descubrí el museo-restorán El puchero del Yayo, lo subrayé con amarillo fosforito en mi agenda. Y regresé a su atmósfera de labranza cada vez que pude, cada vez que hubo una mesa libre y cada vez que conocí a una dama. Esa sí que era cocina de autor. Mejor, cocina de dedicación. Por la consagración a su cocina del dueño y porque cuando saboreabas cualquier plato tenías la sensación de que el cocinero te lo había dedicado.

Alguna vez me contó su obsesión por que todos los ingredientes fueran naturales y por adquirirlos a proveedores de incondicional confianza. Paulov se estará removiendo en su tumba de satisfacción si le cuento que salivo al pensar en aquel pastel de cebolla con crema de dátiles. O en aquella pizzaiola (cebolla, calabación y tomate natural gratinado con Queso y Orégano). O ese pudding de verduras. ¡Maaadre mía! O unos chorizos a la sidra con salsa de no sé qué, que apenas repetías de lo dóciles que eran... O esos postres verdaderamente caseros: natillas quemadas con azúcar moreno y ese flan con miel, pera, bizcocho y nueces... ¡Dios Santo!

El Puchero cerró. Hace ya un par de años, por lo menos. Lo he recordado porque la otra noche me crucé con su dueño. Trabaja ahora como vigilante de seguridad. Me contó que varios reveses de la vida lo llevaron a tener que bajar la persiana. Pero abrió una puerta a emprender en el futuro una continuación de aquel trabajo.

-Algo tengo pensado y dentro de un tiempo quiero volver a la cocina.

-Que los dos lo veamos, y que yo lo saboree...

Calle periodista Nicolás Ortega Pagán, nº 5 (Foto: Alcázar)

2 comentarios:

Conch dijo...

Y esas setas al paté…

En el puchero celebramos mi despedida antes de irme a vivir a Inglaterra.

Luis, si estás por Murcia, mañana estaremos de fiesta por la plaza de las Flores, únete. Muax!

sushi de anguila dijo...

Triste destino el de un establecimiento que, a la vista de lo que cuentas, considero una auténtica tragedia griega no haber tenido la ocasión de conocerlo....

Cuando la gente me pregunta por qué no abro un restaurante y se muestran incrédulos cuando les digo que es una profesión muy esclava, dura y arriesgada, tendré siempre en la cabeza el ejemplo de este hombre...segurata nada menos.....los amantes del flan ese de pera, miel, bizcocho y nueces debéis estar de luto....banderas a media asta, ya!!!!