22 julio 2008

Hágale un favor: destrúyale el castillo



A todo niño que haya construido un castillo de arena en la playa habría que pisotearle la fortaleza en sus narices.

-¡Qué barbaridad! ¡Despiadado! ¡Insensible!

¿Despiadado? ¿Insensible? No se me ocurre método más ilustrativo y práctico para enseñarle desde pronta edad lo que podría comprobar en la adultez: en cualquier momento puede aparecer un gilipollas que derribe sus ilusiones.

Así, cuando de golpe y porrazo alguien demuela su proyecto, no le resultará tan demoledor el revés. Y aprobará el espíritu didáctico del pisoteo de su castillo de arena.

También he de apostillar que no soporto los castillos de arena y muros de contención por causa de los cuantiosos esguinces de tobillo que me han castigado corriendo por la orilla de la playa...

Restos arquitectónicos de una fortificación arenosa. Playa pequeña. Campoamor (Foto: Alcázar)

3 comentarios:

Conch dijo...

Animalicos!

sushi de anguila dijo...

Pues yo, de todas todas, en la playa prefiero hacer castillos de arena, y bien chulos y currados, que correr por la arena, así, a lo Mitch Buchannon o a lo 'Carros de fuego', tarareando la música de Vangelis....

Siempre he odiado la iconoclastia bárbara y cavernícola tan de moda un tiempo gracias al difunto Jon Manteca....me encanta crear y construir cosas (no en vano he sido muchos años maquetista) y no soporto al a gente que le gusta romper por romper, destrozar, mutilar libros o esculturas, quemar iglesias, volar puentes o derruir monumentos por joder...

Luis Alcázar dijo...

Ja, ja, ja. Pues yo, en los trotes costeros que contemplo como una carrera de obstáculos, incluyo los castillos de arena como los preferidos, no para sortearlos, sino para machacarlos...