23 julio 2008

Las prescindibles barcazas de pedales

También las prohibiría. Así de categórico. Aunque probablemente no haga falta hacerlo y desaparezcan ellas solas.
Uno se remoja, se abandona a la relajación de un baño marino y, de sopetón, interrumpe su húmeda meditación una barcaza con seis o siete paletos a bordo, enjugascaos y sonoramente risueños.

A menudo, suele ocurrir que uno de los ocupantes esté de pie, pecho peludo y mollas en cascada, hurgándose la entrepierna por dentro del bañador o, por fuera, tocándose sin recato las pelotas.

Y una de las navegantes, igualmente con sobrepeso, ha lucido melones generosos al sol durante el periplo marítimo y anda afanosa en la tarea de colocarse el biquini en orden a no dejar a la vista magro pectoral.

Es raro el caso de un navegante de patinete acuático que no se haya contusionado por resbalamiento al haberse impulsado para saltar al agua. O el patrón al que no se le haya escurrido el pie pedaleando y haya visto las estrellas a plena luz del día. Menos frecuente es el caso del bañista al que el casco le ha golpeado en la cabeza, como poco.

El último invento fue la barcaza con tobogán. Seguro que la mente preclara recibió un premio en el apartado I+D+I. Eso, suponiendo que el proyecto no estuviera becado...

Les auguro y deseo poca vida. En Benidorm, este verano ya no las hay. Que cunda el ejemplo.

Especímenes último modelo en la playa de Campoamor, que no está a la última (Foto: Alcázar)

1 comentario:

sushi de anguila dijo...

Afortunadamente en mi ya remota época campamorera (mi último verano completo allí fue en 1992, año olímpico y antesala de la crisis del 93) no existían tamañas horteradas como los patinetes-barcaza en las por entonces dos grandes playas de la urbanización tutelada por SUDECASA....Dan ganas de hundirlos a torpedazos desde un submarino...