04 julio 2008

Los chinos y sus cosas


De “peligro amarillo”, nada. ¿Alguien sabe de la existencia de delitos contra la vida o contra la propiedad cometidos por chinos? ¿Alguien siente alguna desconfianza o afila la precaución si se cruza una noche en un callejón oscuro con un chino?

Los chinos me despiertan la curiosidad. Y los considero ejemplares inmigrantes, aunque luego puede que no lo sean. A mí sólo me han dado la lata cada Nochevieja, con esa afición suya por la pirotecnia. Nada más. Porque la de dejarse unos euros en bingos y casinos no es ruidosa.

Siempre me los he imaginado trabajando. Con sus restoranes, con sus importaciones, con sus ventas a pie de todo tipo de artículos... En silencio. Jamás he oído a un chino gritar si no es en una película de artes marciales.

Últimamente, mi curiosidad ha pasado a ser fisgoneo en los comercios que los chinos regentan. En toda esa cadena de establecimientos, de tiendas que te trasladan a una atmósfera extraña. Los chinos, primero abren la tienda y luego se preocupan de aprender español. Y siempre, desde el primer día, viven ensimismados con la televisión. En concreto, con los culebrones. Puedes estar pidiéndoles una bolsa de cubitos de hielo, chicles o un bambú, que te atienden sin mirarte a la cara. No apartan la mirada de la pantalla. Niños, adolescentes y adultos. De los ancianos, como todos sabemos, nada se sabe...

Leí hace poco que China tiene un nuevo modelo cultural: la ola pop de Corea del Sur. Y que los culebrones surcoreanos son los más vistos de la televisión china. Sean las telenovelas que sean, en las tiendas de chinos siempre hay una en la pantalla y al menos dos orientales ensimismados. Y a mí, ellos me ensimisman cada vez más.

Escultor Roque López, Murcia (Foto: Alcázar)

2 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Y encima se comen a los gatos de los alrededores. Viva el feudalismo chino y los territorios comunales.

Conch dijo...

En todo caso te entimisman... no?