02 julio 2008

Saunas motorizadas


La fullería para combatir la calorina y el horno en que se transforma un coche al sol la descubrí el año pasado. Pero, claro, en un vehículo oficial, con chófer. El resto de los mortales no actuaríamos solidariamente con la corriente de conservación planetaria si imitáramos a aquel político. A ese representante de la ciudadanía, cuyo cargo ya ha dejado de ocupar, el conductor lo esperaba bajo la incandescencia mientras él celebraba reuniones o acudía a actos públicos. El truco era sencillo: motor encendido y aire acondicionado a todo frío. Así, cuando el político regresaba al habitáculo, ni gota ni gota.

No siempre mi utilitario puede sestear en un lugar sombrío. Y mi chófer tiene vacaciones permanentes. En consecuencia, acaloramiento. Una sensación que ya arranca cuando a metros del automóvil asado imagino la asfixia que se cuece dentro. Una sensación que detesto dentro y fuera de mi turismo. Cada verano que llega, más me mortifica la calima. La temporada de coches-horno ya está en curso. Sálvese quien pueda.

Coches-horno, frente a las instalaciones de 7RM (Foto: Alcázar)

1 comentario:

Javier Moñino dijo...

Yo antes de entrar al coche ya estoy sudando, pero he de confesor, que la sensación de calor que recorre el cuerpo al entrar a veces es incluso placentera... poco después, se transforma en un infierno.