16 julio 2008

Sobrevivir a las rotondas


¿Qué demonios está pasando con las rotondas? ¿Qué metamorfosis se registra en muchos automovilistas cuando van a entrar, cuando recorren y cuando van a salir de las glorietas?

La rotonda resuelve el problema de las prioridades cuando sus dimensiones no se desmadran, creo. Si se exceden, lejos de resolver el problema, lo multiplican. En rotondas como la de Juan XXIII o la de Miguel de Cervantes con el Ranero, quien logra entrar sufre un efecto de fuerza centrípeta, con agobio incluido. Incluso me pasa en el interior de esos círculos gigantes lo siguiente: siento que he entrado en una vía aún más rápida que la que me precedía, y al ser de reducidas y delicadas maniobras, para salir de cada carril y abandonar la espiral he de jugármela con una arriesgada diagonal.

Antes, las veía como la panacea en la evitación de accidentes graves en los cruces. Ahora las contemplo como un regalo a los talleres de chapa y pintura. Y, sin ser ingeniero, me atrevo a opinar que muchas glorietas a las que sobrevivo me parecen verdaderos dislates estresantes.

Eso, aparte del irritante manejo del volante. Yo tenía entendido que lo preferible es circular por el carril de la derecha. Si vamos a recorrer más de la mitad de la rotonda podemos situarnos en el izquierdo y, antes de acercarnos a la salida que queremos enfilar, lo indicamos con el intermitente, observamos si alguien viene por la derecha y esperamos a poder cambiarnos. Sin detenernos, claro. Si hay que darle otra vuelta centrípeta al círculo, se le da.

Pero nadie cumple. Nadie señaliza nada. Nadie se mantiene en su carril. Nadie reduce la velocidad. Nadie respeta nada ni a nadie.

Rotonda en Mariano Rojas. De las "tranquilas"... (Foto: Alcázar)

2 comentarios:

Conch dijo...

Querido Luis,
Coincido contigo una vez más. Ya puedes hacer la rotonda de libro que siempre aparecerá el capullo que te joda la trayectoria… capullo que por supuesto se llevará un buen bocinazo de recuerdo por mi parte. He estado a punto de perder la vida, o un lateral del coche, en las 2 rotondas que mencionas, qué desastre.
Besicos, Luis, he vuelto.

Luis Alcázar dijo...

Saludos, doña Concha. Porque a partir de ahora habrá que llamarla "doña"...
Ayer por la tarde fui a la Fnac desde Juan Carlos I. Habrá siete u ocho rotondas de camino. De ellas, al menos dos son peliagudas. La de la "tortuga" de Gabarrón se merece un posteo aparte.