15 agosto 2008

El milagro de salvar una vida

Para los sanitarios (profesionales de la Sanidad) acaba siendo una rutina. Pero a mí, que no salvo vidas a diario, sentir que como mínimo he evitado un ingreso hospitalario por la puerta de urgencias, me reconforta. Si a esto le añadimos que la agraciada es una niña, más me complace. Y si a lo anterior le sumamos que en la evitación intervino una súbita premonición, entonces, lo que yo relato como vivencia emocionante, otro podría contemplarlo como fenómeno que investigar en la ciencia de lo inexplicable.
Circulaba yo por la vía de la imagen. En Campoamor. A unos 30 kilómetros por hora, quizás poco más. Repentinamente tuve el presagio de que una persona aparecería por la derecha y cruzaría la calzada corriendo. No había gente caminando por la acera. Sin embargo, reduje de manera brusca la velocidad. Y, ¡oh, misterio!, de entre los coches aparcados surgió una niña que invadió precipitadamente la calle. Y como que Julián Lago lleva peluquín, aseguro que si yo no hubiera desacelerado metros antes, la habría atropellado.
Hace diez años, en Murcia, viví otra experiencia similar. Fue en la calle Torre de la Marquesa. Miraba yo al frente. De forma repentina giré la cabeza y encontré en la otra acera a un niño corriendo, dispuesto a cruzar la calle. Con el rabillo del ojo reparé en que un automóvil circulaba al encuentro del chiquillo, sin que uno u otro se percataran. El atropello habría sido cierto si en ese momento yo no hubiera vociferado el grito de más decibelios que ha salido jamás de mi cuerpo. "¡¡¡QUIETOOOOOOOOO!!!"…
Esta vida escarba tan rápido los días que no tengo tiempo para pensar en quiénes serán esos dos niños y qué habría sido de ellos si no se hubieran cruzado conmigo en su camino. Igual que quizás le suceda a otro tipo que, sin que yo lo sepa, un día decidió variar su itinerario o frenar antes de vadear una curva (“negociar”, dicen ahora los esnobs) para salvarme de, como mínimo, un ingreso hospitalario por la puerta de urgencias.
¿Nada existe por azar? (Foto: Alcázar)

3 comentarios:

sushi de anguila dijo...

Nada existe por azar....lo más alucinante es que la cría nunca será consciente de lo cerca que pudo estar su muerte o su minusvalía física....caprichos ¿o no? del destino...y lo dice quien hace dos semanas estuvo a punto de morir espachurrado por un trailer de las obras del parking de Avenida de la Libertad...carpe diem, Luis, carpe diem!...aunque no creo que a estas alturas haga falta que te recuerde yo la jaculatoria de Horacio...un abrazo, héroe desconocido (me encanta la expresión anglocabrona para estos casos: "unsung hero"...)

Luis Alcázar dijo...

Cierto, don Mariano. Desde hace años, a mi manera y con mis posibilidades, procuro disfrutar razonablemente de cada segundo. Y subrayo "razonablemente". Y si gracias a inexplicables requiebros del destino un par de zagales esquivaron la apertura de su ficha médica (y quién sabe si la clausura también), mi disfrute es más sustancioso.

Conch dijo...

Disfrutar razonablemente de cada segundo...

"Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar"
Federico García Lorca