08 agosto 2008

La farmacia "autoking" de Campoamor

Lo de recoger las hamburguesas y patatas fritas sin bajarse del coche lo relacionaba yo con el Burger King y con ese servicio llamado Auto-King. Ahora, aunque me cueste asimilarlo, también he de relacionarlo con una farmacia, la de Campoamor.

-Una de augmentine en comprimidos, una de after bite y una de crema de noche antiedad, por favor.

-Muy bien. ¿El caballero desea alguna cosa más?

-Bueno... sí, una cajica de preservativos, si eso...

-Perdón, ¿puede repetirlo?, le he oído bajo.

-Ehh, no, no, nada más, ya si acaso la compro en la máquina.

-Son 40 euros. ¿En metálico o con tarjeta?

Antes, la farmacia de Campoamor estaba en uno de los edificios céntricos. Ahora, a los “urbanitas” les han hecho la putada porque ha cambiado de emplazamiento. La farmacia, ella sola, parece un centro comercial. El otro día entré y ante tamaña grandiosidad me sentí ridículo pidiendo un gelocatil. Pensé que las 40 señoritas con bata blanca que atienden a la clientela me reprenderían al unísono: “¡Para comprar un gelocatil de mierda no entres aquí!”...

Si los maestros boticarios del siglo XV levantaran la cabeza y entraran en la farmacia de Campoamor, probablemente sufrirían una “depresión súbita de las funciones vitales, producida generalmente por graves traumatismos o conmociones intensas” (un estado de choque, vamos). Pero, ya repuestos, comprobarían que en ese establecimiento sí que es válido aquello de que hay de todo, como en botica.

La dependienta no lleva gorra en la cabeza y se aceptan propinas... (Foto: Alcázar)

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