31 octubre 2008

El hombre y la máquina

Cada vez que paso por delante de una máquina expendedora de preservativos no puedo evitar que mi primer pensamiento sea anecdótico. Y no precisamente conmigo como protagonista, sino con un joven al que jamás he conocido. Ocurre que tanto he pensado en él, que ya podría ser el hermano que no he tenido...
Sucedió hace unos trece años. En una máquina instalada en esa farmacia de la calle Puerta Nueva que hace picoesquina, frente al bar Ipanema. Mantenía yo un romance con una universitaria. Regresaba de su piso estudiantil hacia mi casa y pasé por la acera de enfrente. Observé a un joven, afanoso por despegar su mano de la boca de la máquina. Era una suerte de disimulo con esfuerzo denodado por desasirse. No me desvié de mi camino. Y metros allá, a la altura de la librería Antaño, volví la vista atrás y lo divisé a lo lejos, en su particular cuerpo a cuerpo.
A los dos días apareció su historia en el periódico. Casualmente, en Andalucía hubo otro caso. Leí la noticia en La Verdad. Al mozo no hubo manera de desengancharlo in situ de las fauces metálicas, de manera que hasta los bomberos tuvieron que intervenir para desatornillar la máquina de la pared. Y los dos, la máquina y el adolescente, fueron trasladados, unidos, a otro escenario más íntimo, con sanitarios delante y donde poder emplear el soplete para fundir el metal.
Creo recordar que el tipo no procuraba obtener las unidades que había pagado, sino que pretendía pelar la máquina. Yo nunca saquearía, pero a mí me pasa eso y lo único que me preocupa es salvar la mano. La imagen, la dignidad, el honor, estarían salvados. Encararía el episodio sin vergüenza, con la cabeza alta. Incluso me defendería argumentando que, en un arrebatamiento de incontinencia sexual, siguiendo los consejos de Sanidad (cantaría además el “póntelo, pónselo”), me había visto obligado a acudir a ese “humillante” proceder...
Ahora hay menos máquinas, pero las hay (foto: Alcázar)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajaja
y no le regalaron luego todos los que había dentro? después del sofocón...seguro que se le quitaron todas las ganas de continuar con su plan, jajaja.
Buena anécdota de viernes.

Conch dijo...

Ay, pobre. Animalico.

juanpaulus dijo...

Y te faltó decir que el pobre chaval además de perder unos cuantos euros (que nunca vienen mal con esto de la crisis), perdió la ocasión con aquella chiquilla que se le insinuó.

Luis Alcázar dijo...

El zagal puede dar gracias por que el suceso no ocurriera un viernes o sábado a las doce o una de la noche, con miles de personas ávidas de cachondearse...
Yo soy un ejecutivo de una empresa de condones y contrato al chaval para una campaña publicitaria.