02 enero 2009

Las dos caras de la restauración

La Nochevieja me entusiasma ahora por el caldero que me embucho el día 1. Segundo año seguido en que me jalo un arroz junto al Mar Menor. El último, en Lo Pagán, en el restaurante Venezuela. Delicioso. Sublime. Aún lo estoy saboreando. Y, además, sus propietarios no mienten en la web: “(...) buen precio y estupendo servicio”. Justo lo contrario que he padecido recientemente en un establecimiento situado en el parque comercial exterior del centro Nueva Condomina: Pasta City. En un folleto de la franquicia se indica que ese restaurante oferta un menú. Luego, cuando te has sentado a la mesa, una camarera dice: “Ya no hay. Es que ahora, en las Navidades, lo quitamos”. Y otra: "A las dos y media más o menos ya no hay menús". Si digo que las camareras (llamarlas “camareras” es insultar a quienes sí lo son) están distraídas es por la caballerosidad con la que comienzo el año. Están en Babia. Y si a su empanamiento le añadimos la lentitud y lo olvidadizos que son en la cocina (unos 40 minutos habían pasado desde la ensalada, y allí, el plato de pasta no aparecía...), el resultado es el que es. Quizás a esta hora siga cociéndose la pasta. Nosotros anulamos lo que quedaba por venir y nos levantamos antes de tiempo.
En uno repetiré. En el otro, no (fotos: Alcázar)

8 comentarios:

Javier Moñino dijo...

Qué pinta que tiene ese arroz don Luis... pero qué pinta!

Feliz Año Nuevo!

Dios del Gol dijo...

Estoy contigo en lo del Pasta City de Nueva Condomina. Sin embargo, he de aconsejarte que vayas al que hay en el Thader; verás la diferencia de calidad y de trato. Te digo esto porque yo he probado ambos y la diferencia es abismal.

Un saludo y enhorabuena por tu blog.

Pedro Moya dijo...

Que quede constancia del deficiente trato que tal establecimiento dispensa al consumidor. Anuncia un menú para atraer clientes y resulta que cuando se sientan les informan que no hay tal. Eso se llama publicidad engañosa. Deberían haber retirado el anuncio desde el mismo momento que decidieron no ofrecer el menú. Quizá no sea un problema de las camareras, sino de los encargados o los dueños, quienes se supone que son los que pueden impartir las correspondientes órdenes.
Aunque sea presidente de una asociación de consumidores, reconozco que en estas situaciones a uno no le quedan ganas de pedir una hoja de reclamaciones y perder un tiempo precioso en rellenarla, sino de salir corriendo de allí y dejarles con tres palmos de narices. Y quizá sea más efectivo divulgar el hecho entre conocidos y amigos para que tomen cumplida nota.
Feliz año 2009.

Alejandro dijo...

Suscribo palabra por palabra tu opinión sobre Pasta City. Lamentable. Que no me esperen nunca más por ahí.

Luis Alcázar dijo...

En efecto, Pedro, es publicidad engañosa. Y creo que es cierto también que si por cada irregularidad que percibimos nos decidiéramos a reclamar, deberíamos llevar un hermano siamés que se encargara únicamente de esos menesteres...
Dios del Gol, probablemente en el Thader sea mi última opción el Pasta City, pero tomo nota de la diferencia entre ambos.

Conch dijo...

Del del Thader tampoco te fíes. No les suele quedar lechuga. He ido dos veces y nunca han tenido.

Anónimo dijo...

Os fiais de la publicidad para ir a comer a estos sitios?
Si el 50% de la publi fuera cierta, no habría calvos en este pais,,,,,,,,, será por clinicas y tratamientos que salen publicitados ofreciendo pelambreras imposibles.
Por cierto, un sitio que se llama PASTA CITY no puede triunfar nunca.
Joki

PD: Gudjonhsen, se acentua en la primera silaba.

Cyd Charisse dijo...

Querido compañero Luis... me alegro mucho de que seas tan entusiasta del Venezuela como yo. Cierto, su caldero es sublime y por eso tienen el local lleno todos los fines de semana. Es una lástima que la gente joven prefiera ir a restaurantes prefabricados y desdeñe lo tradicional. Con los años lo mismo lo descubren y todo...