05 enero 2009

¡Topeeeee!

Cada vez que mi utilitario hocica contra un resalto, dos pensamientos me surgen de manera fulminante: en uno me veo a mí mismo volando a lo Gran Héroe Americano, despegando desde mi bicicleta, aterrizando en el cruel y áspero asfalto y partiéndome la clavícula; en otro veo a mi amigo Pérez contándome que en México, en las larguísimas y rectas carreteras del interior, súbitamente, sin señal que le avisara, se topaba con uno de ellos (de ahí que los que ocupaban el automóvil gritaran: “¡Topeeeee!”, al tiempo que, en el vuelo del coche, se golpeaban la cabeza contra el techo).
Estoy harto de los resaltos. Reconozco que en algún tramo determinado, muy concreto, pueden servir para que los vehículos disminuyan la velocidad. Pero no hay uniformidad en su fisonomía, no siempre están bien señalizados y muchos suponen más un obstáculo que un remedio. Si yo ejerciera como abogado y tuviera tiempo libre llevaría a muchos ayuntamientos a los tribunales. Los motoristas, creo, son los que más peligro corren aunque no corran.
El Reglamento General de Circulación habla de una “regulación básica establecida al efecto por el Ministerio de Fomento”, en relación con los resaltos en los pasos de peatones y bandas transversales, que “garantice la seguridad vial de los usuarios y, en particular, de los ciclistas”. Esa supuesta regulación básica está en vigor desde hace tres meses. Si nos atenemos a lo que detallan expertos, resaltos como el de la imagen o como el que originó mi fractura de clavícula son ilegales. Ambos, autorizados por el ayuntamiento de Orihuela. Siempre el ayuntamiento de Orihuela...
En Campoamor hay resaltos de hasta medio metro de altura... (foto: Alcázar)

1 comentario:

Conch dijo...

Sólo con la foto sabía que este post te lo había inspirado Campoamor. Es que los resalticos de tu playa claman al cielo.

Grandísimo el Héroe Americano, qué recuerdos.

Saludos a tu amigo Pérez.