27 octubre 2009

Furor soterrador

Furores hay muchos. De muchos tipos, digo. Y muchos causantes. A mí, cuando leí la definición de uno de ellos se me dibujó una sonrisa traviesa que hoy, cada vez que la releo, se me vuelve a dibujar: “Deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula”... En realidad no me quería referir en este posteo al furor uterino, pero inevitablemente lo he asociado a lo que en los últimos tres o cuatro meses es, permítaseme decir, el “furor soterrador”.
El ayuntamiento de Murcia ha quintuplicado este año su actividad sepultadora si la comparamos con la que desarrolló en 2008. De los contenedores soterrados hablé hace meses. Ahora, debido a que hace furor enterrarlos, vuelvo a hacerlo. Tanto es así que la otra noche no encontré en su emplazamiento de siempre los que había en mi antiguo edificio; los habían ocultado enfrente, al otro lado de la calzada. Además, no hay un paso de peatones cerca, por lo que con permiso de la Policía Local (y sin él) me niego a desfilar con la bolsa de basura los doscientos metros que debería para alcanzar los contenedores por las sendas peatonales.
A quien no le haya tocado le tocará. En el casco urbano y en las pedanías: obra civil, excavación, construcción del foso, hormigón, plataforma hidráulica... Detesto las obras. Éstas, no obstante, las aplaudo. Con un matiz: haberme encontrado los antiguos contenedores en la otra acera no me ha dibujado una sonrisa traviesa.
Furor soterrador, hoy. Calle Junterones (foto: Alcázar)

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