16 octubre 2009

Jesús, “El Perela”, a comisaría…

Cada vez que presencio una injusticia recuerdo aquella locución de Woody Allen que, por haber presenciado tantas, ya he memorizado (a pesar de mi memoria de grillo): “El mago hizo un gesto y desapareció el hambre; hizo otro gesto y desapareció la injusticia; hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago”.
Últimamente me marcan pocas horas de libertad laboral los fines de semana. Cuando las obtengo procuro pindonguear por la ciudad, cañear, aperitivar, observar, charlar, escuchar... El sábado pasado recordé a Allen de nuevo, no precisamente porque en la cartelera figure ahora su Si la cosa funciona.
A las cuatro y media de la tarde, cuatro o cinco agentes de la Policía Local irrumpen en el restaurante Casa Perela. Se encaminan hacia el final de la barra. En ese instante me digo: “Luis, mantente firme. Sigue creyendo que algún día solucionarán y evitarán conflictos, en lugar de crearlos. Y si han entrado aquí, tantos, seguro que es para solucionar uno”. Con ademanes valentones y tono soberbio, el que se erige en portavoz intercambia palabras con el propietario del local. Acompaña a los agentes una pareja (treintañero y treintañera) que no ha consumido nada en el restorán (confiesa después el varón), pareja que es la causante de la movilización policial. El origen del despliegue está en la máquina expendedora de tabaco: dice el payo que metió tres euros y que no le salió el paquete (de tabaco); y que por eso ha pedido las hojas de reclamaciones, porque “El Perela” no le ha devuelto el dinero...
No me ha dado tiempo aún a llevarme a la boca un tenedor con huevos al Real Murcia cuando, repentinamente, los agentes agarran a “El Perela”, lo extraen de su hábitat natural (él no opone resistencia) y lo fuerzan a salir del establecimiento para introducirlo en un vehículo y conducirlo a la comisaría.
Dos remates. 1º. Uno de los hijos del detenido nos había recomendado antes que nos situáramos dentro, no en las mesas que están en la calle. “¿Veis cómo ibais a estar mejor dentro?”, decía al rato. 2º. Al paso de la procesión de agentes por el pasillo que queda entre la pared y la barra, desfilando los municipales con el arrestado, algún cliente lanzó al aire un: “¡Payasos!”. Al menos dos agentes se dieron la vuelta. O, lo que es lo mismo, recogieron la alusión. Entonces, pensé: “¿No podría hacer el político un gesto y...?”.
La máquina, presunto origen del conflicto (foto: Alcázar)

1 comentario:

Antonio Rentero dijo...

Yo ya no entiendo nada, pero a la vista de las circunstancias la próxima vez que quiera presentar una hoja de reclamaciones llamaré antes a los Espantaburras para que, ya puestos, el numerito sea completo.

Lo que se va a descojnar el del Perela contando esta gilipollez... endevé.