03 abril 2010

Las tetas

Una amiga mía se ha puesto tetas. La han operado y le han colocado implantes, vamos. Y en cuanto la he vuelto a ver, la mirada se me ha desviado, rauda, hacia el busto. Digo "desviado" porque de inicio la he dirigido a sus ojos, pero me ha resultado imposible dominarla. Y mi amiga, en lugar de afearme el descaro, ha sonreído. Y me ha preguntado que cómo le quedan...
Lo mío no es una desviación. Basta ya de mentiras. Los hombres no podemos gobernar nuestra mirada si en su campo de visión aparecen tetas. Hace poco oí hablar de un estudio que confirma mi tesis: en una fiesta celebrada en Estados Unidos, a los asistentes se les entregaron gafas provistas de una cámara de vídeo diminuta. Todos desconocían que desde que se colocaban los anteojos el movimiento de la cabeza era registrado. ¿Qué ocurrió cuando se visualizaron las grabaciones? Que los varones escrutaban primero el pecho de las mujeres, y después, el culo. Ellas, sin embargo, se fijaban más en la anchura corporal y en las nalgas de los hombres.
Si en el horizonte se interponen tetas la mirada se nos insubordina y vira hacia ellas, con más o menos insolencia, tengan el tamaño que tengan. En esta línea de trivialidad que recorre el artículo en curso he de añadir que aplaudo que las chicas que se intentan adaptar a los estereotipos mamarios lo hagan. Apruebo que quieran aumentar sus señas de identidad sexual. Es más, celebro cualquier mejoría estética si al fin es mejoría, sea cual sea el fin. A mí me da completamente igual que dos senos hayan pasado por el quirófano. Todavía hay tíos que recelan de la silicona. Ellos se lo pierden.
Habrá advertido el lector que huyo de sesudas teorías freudianas; de reseñas mitológicas sobre la inmortalidad que proporcionaba mamar de las ubres de diosas; de un recorrido histórico por el Renacimiento, la Revolución Francesa o la cinematografía; y de aportes metafóricos. Ni siquiera me refugio en opiniones de antropólogos. Me amparo banalmente en la mía, en mi experiencia. Desde la joven que acude al cirujano porque no le sientan bien los vestidos estando "plana" hasta la que se aumenta la talla a lo Pamela Anderson porque así cree que atraerá al chico que la desdeña. Todo es así de simple y complejo a la vez. Una mujer con curvas pectorales parte con ventaja sobre otra de líneas rectas. Aunque lo políticamente correcto sea afirmar que parten en igualdad de condiciones. Ahora ya no es necesario acudir al corpiño. Ahora tan sólo hay que buscar el teléfono de una clínica privada. O preguntarle a la amiga que a cuál acudió ella.
Me consta que la morfología, embellecimiento y lucimiento del pecho son temas preferentes de conversación en las reuniones femeninas. Las que defienden sus senos pequeños arguyen múltiples argumentos: disienten de la moda, de las tendencias “superficiales”; aseguran que los suyos son más sensibles; sienten espanto por el quirófano; y tienden a pensar que un buen culo compensa la escasez más arriba.
En la vida hay –debería haber- preocupaciones más hondas que lucir un buen par, pero cierto también es que esta preocupación no es incompatible con otras. Y además, qué leche, cada uno es dueño de sus preocupaciones. Total, para “cuatro” días que vivimos…
En conclusión, guste o no leerlo, las tetas “tiran” mucho, demasiado quizás. Casi más cuando se adivinan que cuando se descubren. Que otro lo explique, que yo tan sólo lo cuento.

Una modelo, cuya identidad no desvelaré, ha posado para ilustrar este posteo (foto: Alcázar)

5 comentarios:

Velázquez dijo...

Sublíme Luis, subíme comentario

Lola dijo...

Todo esto me recuerda al dicho de .. q la mano no cubre no es .. sino ... (siempre dicho con respeto, admiración y envidia a todas las .. que la mano no cubre)
Sólo añadir q en mi humilde opinión, pasar por un quirófano no es algo aconsejable, a priori, y todo lo referente a la salud se ha de comentar con cuidado. Por lo demás, me parece estupendo y quizá debieramos de tener más preocupaciones de este tipo, o mejor dicho motivaciones de este tipo, aunque en este caso yo de .. no entiendo ni mucho ni poco ( o mejor dicho, ni d mucho, ni de poco). Un abrazo.

achopijo dijo...

Amén.

Conch dijo...

:) Jajaja...

Confieso que lo leo ahora (perdóname) y confieso que me estoy planteando dejarme los viajecicos y ponerme a ahorrar pa un nuevo par de tetas... naaaahhhh!

¿Y ese tatuaje, Luis? ¿Nos hemos olvidado de él?

Antonio Rentero dijo...

Lo de las tetas tiene una sencilla explicación, es todo física pura y dura.

Dos cuerpos esféricos de una masa y volumen inferior experimentan una atracción gravitacional irresistible hacia dos cuerpos esféricos de una masa y volumen superior de manera proporcional al cuadrado de las distancias que las separan.

Vamos, que cuanto más cerca estén dos buenas tetas de dos ojos sin sus capacidades visuales mermadas, mayor será la propensión a girarse hacia ellas.

Los griegos ya intuían esas cosas, pero los grande sabios tampoco es que descendieran demasiado al nivel empírico, a ellos les venían las atracciones más de atrás.