27 julio 2010

El pacto de The Cult en un "music hall"

Fue uno de esos momentos singulares. Un episodio friqui. Pero probablemente el que más risas me despertó, probablemente el que más risas nos despertó a los cinco murcianos que el sábado acudimos a Valencia para ver actuar a The Cult. El concierto fue correcto, notable bajo, muestrario de sus greatest hits, con un solo bis. Haciendo clic aquí se ve una selección de los mejores minutos del espectáculo. Pero para espectáculo, el posterior, en una discoteca llamada Belle Èpoque. Caminábamos por El Carmen, y un tipo moreno en cuya tarjeta de presentación puede leerse “Roberto El Duke”, traje de color chufa, camisa rojinaranja, nos abordó. Y nos aseguró que los componentes de The Cult tenían previsto actuar “en acústico” en la discoteca.

-Eso es lo pactado. Es lo que han pactado con mi jefe.

La experiencia sirve para que mientras un relaciones públicas como El Duke te habla, mires al resto con la media sonrisa de quien no se cree nada, pero al mismo tiempo le atrae la idea porque sospecha que como poco, unas risas van a caer.

-Estooo…, escucha, Duque: van a estar los Cult en persona allí, ¿no?

-Eso es lo pactado. Tienen un reservado al lado del escenario. Eso es lo pactado.

Los taxistas valencianos son menos cada vez. Ahora hay rusos, rumanos… Acojonan. Uno nos llevó a la Belle Èpoque, en la calle Cuba, en el lateral de la estación de tren. Y ya desde el vehículo comprobamos que al reclamo del After Party The Cult había acudido mucho admirador del grupo inglés. Superamos el recibidor, apartamos la cortina y, o el vocalista de The Cult se había afeitado la cabeza y maquillado después del concierto, o lo que teníamos frente a nosotros era una función de music hall dirigida por un showman multitarea. Cincuentones a sus pies, encandilados por el brillo no sólo de la calva del personaje. Y, paulatinamente, inundándose el local de tíos y tías de negro, tatuajes y tachuelas.

En la planta superior se celebraba una supuesta fiesta gótica. El pestazo a sudor y tabaco, el acaloramiento y la imposibilidad de acceder a la barra nos empujaron de nuevo al piso bajo. Allí nos quedamos, en la barra pegada al reservado (vacío) para los miembros de The Cult. Y del “van a venir” pasamos al “están cambiándose”, al “están aparcando” y al “puede que vengan, si les apetece”. Y mientras, el showman multitarea, a lo suyo.

-Todos hemos bailado alguna vez canciones de los Cult, ¿eh? –llegó a decir el nota.

-Ja, ja, ja –nosotros.

Se llama Miguel Brass. Es “quien más y mejor practica el arte del show en Valencia”, según el diario Levante. Cuando interpretó la última canción, que no recuerdo cuál fue, invitó a los maduros a que le acompañaran en la pista. Y fue tan irresistible el hechizo, que abandoné el chorro de aire que me aliviaba y me sumé a su séquito de danzantes. En unos segundos me vi junto a él. Consideré que en mi álbum era más relevante aparecer junto a Miguel Brass que junto a Rodríguez Zapatero o Rajoy, y mi amigo Fernández fotografió el instante.

Después, varios pinchadiscos pusieron temas de The Cult, Sisters Of Mercy, Joy Division o Jesus & Mary Chain, pero el reservado seguía vacío. Nosotros, con el riesgo que entrañaba desertar, huimos a las dos y pico de la madrugada.

Mientras vivamos, siempre nos quedará la duda de si ese reservado se llenó. De hecho, no queremos saber si los integrantes de The Cult cumplieron con el “pacto”. El que sí cumplió a la perfección con su trabajo fue El Duke...

No hay comentarios: