22 julio 2010

"No pases pena" en Palma de Mallorca






Quién me ha visto y quién me ve… De no salir del vaivén Murcia-Campoamor-Murcia a viajar solo, con destino conocido, pero sin plan establecido.

He pasado cuatro días en Palma de Mallorca, alojado en el hotel Costa Azul, frente al paseo marítimo (foto 1). Lo conocí gracias a mi compañera Elvira, a quien acudí porque otro compañero, Filiú, al que le conté mi intención viajera, sabía que ella había visitado la isla recientemente. Comunicación. Recibí una habitación que de inmediato me recordó a Murcia (foto 2). Y de salida tuve la suerte de encontrar a una lugareña fina, cautivadora y misericordiosa que me situó y orientó en la ciudad.

Salvo para no perder el avión de vuelta, no he mirado el reloj. Cuando he desayunado lo he hecho en C’an Joan de S’aigo, en el entorno de Jaime III (foto 3). El posado a lo Jesús Vázquez se retrasa sine die por "culpa" de las ensaimadas, cuartos (bizcocho blandísimo) y helados de almendra (foto 4). Pero sobre todo debido a los pinchos y tapas del restorán (foto 5) del mediático cocinero Koldo Royo. Están como para salir rodando, atravesar la calzada y caer al agua del puerto. Y otro gran descubrimiento es el restorán-mirador de la playa de Illetas. En realidad, toda esa pequeña bahía, también con zona para el copeo (eso que llaman Lounge). Menudo esparcimiento debe de haber ahí durante el día y la noche los fines de semana de julio y agosto. Porque de copeo nocturno (los murcianos distinguimos el de sobremesa del de noche) un lunes, martes, miércoles de julio, no demasiada cosa: Thalassa (paseo marítimo) y próximos. En uno de ellos trabaja una murciana guapísima que llegó para quedarse siete días y ya ha encontrado currelo para al menos seis meses. Y ojo con las alemanas; algunas, cachondísimas. Y con las bicicletas: el Ayuntamiento se conoce que ha querido delimitar bicicarriles hasta en las aceras de medio metro de anchura, y los peatones que en esa “cultura” aún somos “incultos” corremos el riesgo de sufrir un atropello serio si nos distraemos. Ahora que, menudo quilombo hay montado en Palma, no ya por la corrupción (todos los días aparece un caso nuevo, o ramificaciones de uno anterior), sino por el botelleo (ellos lo llaman “botellón”). A la batlessa (alcaldesa), la socialista Aina Calvo, se lo explicaron la otra tarde unos cuatrocientos vecinos por el paseo marítimo. Pero claro, ¿qué son cuatrocientos al lado de cinco mil? Sí, hasta cinco mil jóvenes hacen botelleo los fines de semana, justo enfrente de los bares y discotecas, hoteles y restoranes. Botellear está permitido en Palma. Y los vecinos seguirán movilizándose (foto 6) hasta que la batlessa arbitre una solución.

Dos pensamientos más: 1ª. He regresado a Murcia sin saber qué es “dena”. El encargado de una tienda surfera no paró de repetir que se cagaba en dena cuando comprobó que una avería en el datáfono le impedía cerrar una transacción. “¡Me cagondena; me cagondena; me cagondena!”. 2ª. Pero no pasa nada, porque para estados como éste, de enfado o preocupación, los mallorquines tienen en la boca la frase que más he escuchado decir estos días: “¡No pases pena!”.

No hay comentarios: