04 septiembre 2010

Un chirriar en Gotemburgo


Gotemburgo es una ciudad irreprochable durante el día (de la noche sueca hablaré en otras entradas, conforme vaya encontrando tiempo para hacerlo). Cuando un autocar deja al turista en la céntrica estación intermodal (trenes-autobuses, misma infraestructura), llama la atención el volumen bajísimo, la inexistente contaminación acústica. Nada, nadie, hace ruido. Si los autobuses urbanos no hacen ruido, ¿por qué los de Murcia sí? En cuatro días, un paseante puede escuchar el sonido de un claxon, y porque el conductor le ha dado sin querer con el codo… La gente no grita por la calle, las motos no molestan, el tranvía es tan sigiloso que acaba apeteciendo simular que no lo has visto para que te advierta con una campanilla del peligro de atropello. Por eso al cuarto día resulta llamativo y chirría encontrarse con un sujeto como el del vídeo en, quizás, la avenida más conocida: Kungsportsavenyn. Mi querida Bítter, que hace un cameo al final de la filmación, piensa que es una cantilena religiosa. Yo, por si acaso lo era, y para no molestar al intérprete, sólo lo grabé un ratico.

5 comentarios:

Conch dijo...

No sé si darte un beso en los morros o cagarme en tus muelas. Estoy ahí ahí.

Antonio Rentero dijo...

Grande esa Bitter bailarina!!!!

Al final a ver si el gran Alcázar va a ser como Ally McBeal pero en vez de aparecérsele el bebé ukachaka se le aparece la Bitter Bailarina Desmelenada ;-)

Antonio Rentero dijo...

Muy guapa, añado...

Javier Moñino dijo...

Lo mejor, sin duda... el cameo.

Por cierto, la palabra cameo no está en el diccionario... qué cosas...

Conch dijo...

Hey, gracias! Veo yo estos comentarios ahora, a la vejez.