24 julio 2012

Soltereando. A cara descubierta

Una noche de julio en Murcia lo mismo te encuentras a médicos trajeados que despiden a un compañero, que a un guardia civil con isquemia crónica que te pide que le invites a una cerveza, que a los padres de una bilicenciada que currela en una cafetería para sacarse unas pelas. Y todo esto sucede en la misma calle, donde aunque sólo fuera por la hermosura y donaire de unas cuantas camareras (están buenísimas), yo quisiera arraigarme hasta que La de la Guadaña me cambiara de aires.

A propósito de currelar: sospecho que pocos saben lo mucho que se desloman las camareras que tienen el último turno de los bares de copas. Veo a pibonazos reponiendo las cámaras, fregando, adecentando los aseos y retirando sillas y sombrillas. Percibiendo poco dinero a cambio. Y cuando me ofrezco a colaborar me responden que no pueden aceptar la ayuda de los clientes. Claro, que si soy testigo de ese ritual es porque allí estoy, a la hora del cierre, lo cual siempre he defendido que no es malo si el interior y el exterior son los de quien jamás se ha metido en una pelea.


Vanesa, una morenaza a la que he conocido, dice que cuando se llega a “cierta edad y un tío sigue soltero, una de dos: o es un golfete o es muy raro”. Sin embargo, para mí la soltería razonada es el estado más congruente. Una de mis razones es la de la cara descubierta. El apóstol Pablo habla en una carta de “mirar a cara descubierta”. Mutatis mutandis, ese mirar sin encubrir nada, con sinceridad, sin doblez, únicamente sé hacerlo de continuo en mi estado. Considero deplorables a esos tipos casados o ennoviados que se prueban con tías. A escondidas, por ejemplo con un mensaje privado en Facebook. O de manera velada. O incluso a la vista de sus colegas de farra. Me parecen patéticos, pero al mismo tiempo respeto absolutamente su conducta y jamás los desvelo.

Y ahora, a ver qué me encuentro esta noche en Murcia. A cara descubierta.
(Columna publicada en La Verdad de Murcia el 17/07/2012)

No hay comentarios: