07 agosto 2012

Soltereando. El tabaco o yo

Cuando presientas que la mano que coges puede ser la mano que te hunda, suéltala. Obrar esta máxima siempre evita dificultades. En mi vida he soltado alguna, y de mi mano se han soltado unas pocas. Otras no he querido cogerlas y escasas no he podido. Entre las que bien he soltado, bien no he querido se encuentran las que manipulaban tabaco. El tabaco y yo no hemos armonizado nunca, hasta el extremo de que no puedo besar una boca que fume.
Durante años sí he tolerado un beso. Prevalecía la belleza sobre el sabor y el olor. Sin embargo, ahora, ni el roce del deseo, pues si observo una cara preciosa espirar la nube tóxica, queda descartada de mis labios. ¡Por qué pijo fumarán las tías!
Últimamente, práctica común en los aseos de los bares de copas y discotecas es que las tipas entren en pareja, compartan un pitillo y no abran la puerta hasta haber expulsado la última bocanada. Así evitan salir a la calle. Eso, en los locales con la ley antitabaco en vigor, porque en muchos antros rige la impunidad. No es el caso de mi micropiso, donde el de ‘Eurovegas’ aún no gobierna. En mis cuarenta metros cuadrados, un cigarrillo ha acabado con el porvenir de más de una relación. Por no hablar ya de otras, liquidadas en viviendas ajenas, en las que cuando la inquilina ha expelido la fumarada previa al besuqueo se me ha sellado automáticamente el morro, y del suyo he huido hocicando hacia abajo. 
Afición (adicción) ciega razón. A cuántos pibonazos les habré prometido una relación de más de una luna si renuncian al vicio… Pero nada. Defienden su hábito pidiéndole fuego al de al lado. 
-Luis, me gusta fumar y no pienso dejarlo.
-Pues…
En su descargo debo decir que ni una sola fumadora se ha quejado de que yo sea un no fumador. Pero en esto lo tengo claro: mano maloliente, mano que suelto. Una de dos: o el tabaco o yo.

(Columna publicada en La Verdad de Murcia el 7/08/2012)

No hay comentarios: