14 agosto 2012

Soltereando. Depilación y extensiones


Las tías nos prefieren depilados. Sobre todo las de dieciocho a treinta y pocos. No quieren pelambrera del cuello a los dominios del quinto miembro. Hace el canelo quien aún se refugia en la pretendida masculinidad del pelo en pecho. O en la de un bajo vientre lanudo. Lo cierto es que solo nos toleran el vello en los brazos y piernas. Aunque no lo es menos que esta regla la rompe alguna excepción. Como excepción igualmente cabe encontrarle a que no hay moza fea ni vieja hermosa.
Una chica presumida aplaude que su chico sea cuando menos la mitad de presumido que ella. Para relucir hay que sufrir. Y en un centro de depilación se sufre. Y el bolsillo también. Aconsejo acudir a uno solo sea por escuchar las conversaciones que en la sala de espera mantienen las tipas. Y porque cuando menos te lo esperas salta la liebre. El otro día, el tema era la mascarilla que se aplican en el cabello. Y la obsesión por adquirir volumen. Volumen capilar. A propósito de esto, en la tertulia introduje el asunto de las extensiones: uno admira una melena espesa y cuando la poseedora le permite alargar la mano para masajear desde la nuca, la ristra de mechones postizos adheridos con pasadores impide la ascensión de las yemas. Pinchazo.
-Ah, es que no te he dicho que llevo extensiones…
Yo los llamo pasadores, pero en realidad son clips-peinetas, anillas o grapas. Cada vez que me tropiezo con ellos pienso en una alambrada. Y una alambrada no me resulta especialmente excitante. Como tampoco la pelusa facial abundante. O una madeja en el sobaco. Vamos, lo que les hemos visto en Londres a unas cuantas pesistas de las que no me quiero imaginar el hipogastrio… En esa área yo alabo la rasuración. Nada de maraña. Y el arte incluso me despierta una sonrisa. No me refiero a la presencia de un tatuaje, sino a lo que hallé una vez: vello rapado al dos, dibujando una flecha dirigida hacia… 
(Columna publicada en La Verdad de Murcia el 14/08/2012)

2 comentarios:

Rosa de Maya dijo...

Te juntas con chicas muy raras...

Anónimo dijo...

Es el artículo más repulsivo que he leído en mucho tiempo. He sentido un asco profundo, antiguo, hacia tu dogma. Me das grima.